Cómo se hace para encontrar la felicidad?

El rey Salomon describe en primera persona en el libro de Kohelet (Eclesiastés) el recorrido que hizo en su búsqueda de la felicidad y la riqueza, sin ahorrar en placeres y deleites materiales. Como el mismo declaró: «Construí para mi monumentales palacios, planté numerosos viñedos, acumulé oro y plata, y llegué a ostentar secretos de reyes y naciones«.

Y cuál fue el resultado que obtuvo de todo eso: «Y una vez que revisé todo lo que tenía , me di cuenta que todo era superfluo y solo traía aflicción para el espíritu, y no hay provecho alguno bajo el sol«. Las arcas se llenan pero el alma continua vacía…

Luego se inclinó por las ciencias, la sabiduría, y la filosofía, logrando conseguir toda la sabiduría que había en el mundo, pero así descubrió que cuanto mas sabía, mas se profundizaban sus dudas y sus temores: «Los sabios y los tontos terminan llegando al mismo lugar, Y cuál es la ventaja del sabio con sus logros? A mayor sapiencia, aumenta el enojo, y si se acrecienta su sabiduría, estará aumentando también su aflicción«

Luego puso sus esperanzas en el amor de una mujer, y se decepcionó nuevamente: «Y encuentro yo mas amarga que la muerte a la mujer«

Esta claro que el objetivo del rey Salomon al escribir el libro de Eclesiastés no era sembrar desesperanza y desánimo como podríamos pensar con todo lo visto hasta ahora, sino que se trata de todo lo contrario: su meta era allanar el camino para poder encontrar la plenitud, utilizando para ello todas las experiencias por las que atravesó en su vida. Entonces la pregunta que surge es: cuál es ese camino?

Podemos decir que la respuesta se encuentra en el último versículo del libro, que versa lo siguiente: «La conclusión final después de haberlo escuchado todo: Al Eterno temerás y sus preceptos cuidarás, pues esto es lo que concierne a todo ser humano«. Esta es la perspectiva correcta, aunque debemos decir que es parcial, ya que se encuentran diseminados por el libro de Eclesiastés, varios versículos que mencionan que se puede encontrar satisfacción y gozo en las cosas materiales también.

Hay una palabra especial que se repite en Eclesiastés ocho veces, y cada vez que aparece esta palabra las penumbras son reemplazadas por luz y alegria. Nos referimos a la palabra PARTE.

Citemos a continuación algunos de los versículos donde aparece esta palabra:

Hablando del trabajo: «Y he visto que no hay mejor cosa que la persona esté contenta con sus labores, porque esa es su parte«.

Hablando de la alegría de vivir: «Es bueno comer y beber, y que la persona vea los frutos de su esfuerzo… porque esa es su parte«.

Hablando de la riqueza: «Y tomar su parte y alegrarse con el esfuerzo realizado, ese es un regalo del Eterno«.

Hablando de la vida conyugal: «Verás la vida con tu esposa que amas… porque es tu parte en la vida…«

El rey Salomon revela un concepto muy importante al final de su recorrido: La felicidad no esta en la amplitud ni tampoco se encuentra en grandes cantidades, sino que esta concentrada. Cada persona tiene a su alcance lo que le pertenece, y cuando lo encuentra, allí lo espera la felicidad.

Cada persona es única e irrepetible; a pesar de ser tan numerosa la cantidad de personas que habitan en la tierra, no se han registrado dos personas que sean exactamente iguales: no en su carácter, no en su apariencia física, y tampoco en sus huellas digitales. A casa uno y uno se le han brindado herramientas exclusivas para él, para que sea capaz de construir la parte que solo él y nadie mas pueden construir en este mundo.

Pero hasta qué punto es tan significativa la parte a la que nos estamos refiriendo?

Dice Ben Zoma en el Tratado de los Padres: «Quién es rico, aquel que se contenta con su parte«. Pero a esto se puede replicar que quien se contenta con su parte esta condenado a quedarse estancado siempre en el mismo lugar y nunca va a tener la posibilidad de prosperar…

Para responder a esto, hay que prestar mucha atención a los términos utilizados en el texto: Ben Zoma no dijo «Aquel que se contenta con lo que tiene», sino que dijo «Aquel que se contenta con su parte«.

Debemos dejar bien claro que quien se contenta con su parte, no se esta contentando con cuánto, sino con qué. Quien así procede es porque ha logrado identificar cuál es la parte que le ha tocado en la vida, y no le da envidia de los demás por lo que tienen. Ya que en su propia parte no tiene ninguna limitación, ya que aspira a lo máximo en el seno de su familia, en su trabajo, y por sobre todo en el cumplimiento de la Tora y de sus preceptos; y no hay un techo: siempre se puede aspirar a mas, dentro de la propia parte a la que nos estamos refiriendo.

Eso es lo que nos enseña Eclesiastés; el rey Salomon, que buscaba la felicidad en exuberantes palacios, fabulosas comodidades, y en la vasta sabiduría de las naciones, al final la terminó encontrando muy cerca suyo, en la parte que le correspondía a él y a nadie mas que él.

Fuente: Extraído del articulo publicado por el Rabino Shneur Ashkenazi Shlita, en su boletín semanal denominado «Parasha».

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