Nuestra parasha comienza diciendo: «Estos son los viajes de los hijos de Israel». Este versículo comienza con la letra «Alef» (primera letra del abecedario hebreo), y vemos que hay también otras cinco parashiot en toda la Tora que comienzan con la letra «Alef». La pregunta es: Porqué la primer palabra enunciada en la Tora comienza con la segunda letra del abecedario, que es la «Bet» (de la palabra «Bereshit»)? No sería mas lógico que comenzara por la letra «Alef», teniendo en cuenta que se trata del primer versículo de todos? La respuesta es la siguiente: Si analizamos la composición del versículo inicial con el que abre la Tora, si bien como hemos dicho comienza con la letra «Bet», contiene en total seis letras «Alef», lo que nos da una pista y nos anuncia que en toda la Tora habrá seis versículos que comenzarán con la letra «Alef». Por lo tanto este primer versículo esta actuando como un índice de lo que va a venir despues.
42 paradas en el desierto
Durante toda la travesía por el desierto, se produjeron 42 paradas, es decir, 42 lugares donde el pueblo acampó antes de emprender nuevamente el camino. En nuestra parasha se detallan exactamente dónde fueron cada una de estas paradas. La pregunta es: Cuál es la importancia de enunciar cada una de estas paradas? Explica el Maimónides en su libro «Guia de los Descarriados»: la Tora detalla los nombres de cada una de las etapas del recorrido de los hijos de Israel porque, con el paso del tiempo, iban a surgir personas que minimizarían la magnitud de los milagros y prodigios ocurridos en el desierto, alegando que es imposible que un pueblo entero pudiera sobrevivir en un desierto desolado, alimentándose del pan que caía del cielo cada día y bebiendo agua del pozo que los acompañaba. Por lo tanto, explicarían que toda la travesía tuvo lugar en desiertos cercanos a zonas habitadas, y que los habitantes de esos poblados les proporcionaban todo lo que necesitaban, a cambio de oro y plata. Por esa razón, la Torá menciona los nombres de cada una de las paradas, para que las generaciones futuras pudieran comprender que los lugares por los que deambularon los hijos de Israel eran desiertos desolados y alejados de cualquier asentamiento humano. Incluso hoy en día sería imposible para un pueblo mantenerse allí durante un período tan prolongado de tiempo como lo fueron los cuarenta años seguidos por los que deambularon en el desierto.
