Esta escrito en nuestra parasha: «Para amar al Eterno tu D’s, escuchar su palabra y apegarse a él».
Surge la pregunta: Qué podemos hacer para apegarnos al Todopoderoso?
La respuesta es simple: Yendo por sus caminos.
Siendo así, por dónde se empieza y cómo se hace esto posible?
Esto se puede explicar y ver gráficamente con el siguiente ejemplo:
Un carpintero que desea pegar 2 vigas una a la otra, si estas están torcidas, el carpintero debe primero enderezarlas para emparejarlas una con la otra, ya que si no lo hace, no se van a pegar bien. Sin embargo, si se trata de 2 vigas perfectamente rectas, estas se podrán adherir una a la otra sin ningún tipo de problemas.
Esa es la respuesta a nuestra pregunta: Existe la mitzva de apegarse al Eterno, que es justo y recto; por lo tanto para poder apegarse a él, recae sobre la persona la misión de también ser justo y recto, hecho que se demuestra a través de sus actos.
La Tora no esta en el cielo
En esta parasha dice el versículo: «No está en el cielo», refiriéndose a que la Tora nos fue dada por el Creador del Mundo, y se encuentra entre nosotros, en la tierra.
Al respecto se cuenta en el Talmud (Tratado de Baba Metzia pagina 59) una historia muy interesante que ocurrió entre Rabi Eliezer ben Orkenos y el resto de los sabios de esa época:
Surgió en ese momento un desacuerdo entre Rabi Eliezer y el resto de los sabios en cuanto a que el primero sostenía que el horno de Ajnai (que era un tipo de horno construido de azulejos, y entre azulejo y azulejo había arena) no se podía impurificar, mientras que el resto de los sabios opinaban que sí.
Para demostrar que tenía razón, Rabi Eliezer ben Orkenos realizó una serie de sucesos milagrosos:
- Primero hizo que un arbol de algarrobo que se encontraba allí, se moviera milagrosamente de su lugar.
- Luego hizo que la corriente del río se detuviera, y comenzara a fluir en sentido contrario.
El resto de los sabios que estaban contemplando todo esto, ni se llegaron a inmutar de todo lo que estaban viendo, y se mantenían firmes en su opinión.
En ese momento, se oyó una voz del cielo dirigida a los sabios allí presentes que dijo: «Porqué están ustedes en contra de la opinión de Rabi Eliezer ben Orkenos, que es la correcta?», a lo que inmediatamente respondió Rabi Yeoshua: «No esta en el cielo», refiriéndose a lo que esta escrito en nuestra parasha respecto a que la Tora esta en la tierra, y por lo tanto aquí es donde se deciden las cosas, y no en el cielo.
Esta historia nos enseña que si bien la Tora nos fue dada por el Eterno desde el cielo, ahora que la poseemos nosotros, la interpretación de las leyes de la Tora va de acuerdo a los consensos de los estudiosos de la misma, y no hay ninguna necesidad de apoyarse en factores sobrenaturales para definir la sanción de las leyes sujetas a interpretación.
Rosh Ashana, dia del juicio
Nuestra parasha siempre se lee muy cerca de Rosh Ashana, que es la festividad conocida como el día del juicio, es decir, el día en que el Eterno juzga a cada persona para determinar qué le deparará el año nuevo que comienza.
Dice el versículo en nuestra parasha: «Estan todos ustedes firmemente parados hoy delante del Eterno vuestro D’s … desde quien corta los árboles hasta quien extrae agua del pozo»
Normalmente cuando se hace una enumeración, se empieza del puesto mas alto hasta llegar al puesto mas bajo, o al revés, es decir empezar del puesto mas bajo hasta llegar al puesto mas alto. Pero en este caso vemos que ambos puestos enunciados por la Tora son de un nivel bajo, como lo son tanto quien corta los árboles como quien extrae agua del pozo.
Entonces, qué es lo que nos quiere enseñar la Tora con esto?
Ante la cercanía de Rosh Ashana, el día del juicio, la Tora nos enseña que todos somos juzgados de acuerdo a nuestras habilidades y posibilidades, y que no se nos exigira artico mas alla de lo que nuestro potencial nos permite alcanzar. Como dijo el Rabino Zucha de Anpoli: «Cuando suba al cielo no me van a preguntar porque exito no llegue al nivel del patriarca Abraham, sino que me van a preguntar porque no llegue al nivel de Zucha…»
