En una competencia sana, jugar limpio es algo digno de elogio. Cuando el pueblo de Moab vio que Israel avanzaba territorialmente y se dirigía hacia ellos, se juntó con el pueblo de Midián ya que pensaban que Israel «devoraría todo a su alrededor, como el buey devora toda la hierba del campo». Si bien su preocupación por sentirse desprotegidos y mas débiles que su rival era válida, el método elegido para derrotar a Israel mediante hechicería y brujería evidenció su falta de moral. En lugar de enfrentar la adversidad a través de métodos convencionales, como por ejemplo tratando de llegar a un acuerdo de paz con Israel, o tal vez pedirle a Bilaam que bendijera a Balak y a su pueblo, o llegado el caso hasta declarándole una guerra abierta a su rival, Moab y Midián intentaron vencer a Israel encargando al brujo Bilaam que los maldijera; es decir trataron de obtener rédito de una manera no convencional; en definitiva, se dejaron llevar por el famoso principio de que «el fin justifica los medios», aunque estos evidenciaban una moral muy baja.
Juzgar a los demás para bien
Cuando el brujo Bilaam iba por el camino montado de su burra, esta de repente se detuvo sin una razón aparente. Sin pensarlo dos veces Bilaam la golpeó con su baston en tres oportunidades. «¿Qué hice para merecer estos tres golpes?» preguntó la burra. Bilaam respondió: «Si hubiera tenido una espada en mi mano, te hubiera matado ahora mismo!». La burra replicó: «Soy la burra que has montado toda tu vida. Acaso he hecho algo similar alguna vez?». De repente, «el Creador le abrió los ojos a Bilaam», revelándole que el camino había estado bloqueado por un ángel que tenía en su mano una espada. Bilaam se apresuró a pensar que él tenía razón y que la burra estaba equivocada, cuando en realidad era todo lo contrario. Bilaam no le dio a su burra fiel, el beneficio de la duda. La lección aquí es no sacar conclusiones precipitadas. Cuando uno nota que otros le han hecho algún daño, siempre es importante tomar distancia de la situación por unos momentos para poder ver las cosas desde otra perspectiva, que tal vez nos ayude a darnos cuenta las razones por las cuales la otra parte ha actuado de la forma que lo hizo.
El autor intelectual
Muchos se preguntan porqué esta parasha lleva el nombre de Balak, rey de Moab, y no el del brujo Bilaam, ya que es este último quien se lleva la mayor parte del relato en la parasha. Muchas respuestas se dieron al respecto, pero nosotros nos vamos a centrar en lo que dice el Rebe de Lubavitch, el Rabino Menajem Mendel Schneerson, que señala que Balak fue el ideólogo y quien tuvo la iniciativa del «proyecto de las maldiciones» contra Israel, y en definitiva fue quien metió a Bilaam en todo este tema. Esto viene a enseñarnos que el que propone la idea inicial de un acto que a priori no es bueno, es el primero que luego debe rendir cuentas, aún por delante de quien ha ejecutado la idea; es lo que en la práctica llamamos el autor intelectual.
