En nuestra parasha dice lo siguiente: «Como un águila que se anuncia a su nido revoloteando alrededor de sus pichones, extiende sus alas y los toma, y los lleva en sus espaldas».
Rashi explica que el águila actúa con misericordia con sus crías, y por eso antes de regresar a su nido, no entra repentinamente, sino que se hace notar golpeando con sus alas en las ramas de alrededor del nido, para que sus pichones no se sobresalten ante la llegada de su madre.
Nuestros sabios comparan este acto con los 10 días de arrepentimiento que hay entre Rosh Ashana y Yom Kipur, ya que si El Eterno no nos diera este tiempo para prepararnos para la llegada de Yom Kipur, muy posiblemente no podríamos estar a la altura de las circunstancias.
Elevar nuestro nivel espiritual conlleva tiempo. No es posible hacerlo de golpe, sino que se debe realizar paso a paso. Así es que tenemos todo el mes de Elul para poder mejorar nuestros actos, y a partir de Rosh Ashana tenemos los 10 días de arrepentimiento (Aseret Yeme Teshuva) en donde damos un paso adelante de cara a poder llegar bien preparados para Yom Kipur.
Si bien El Eterno no tiene imagen, se lo compara con el águila para que tengamos una representación clara de cómo actúa con nosotros: Si bien el resto de las aves antes de volar toman a sus crías con sus garras aún en contra de su voluntad, el águila las carga en sus espaldas, para así poder protegerlas de un eventual ataque con flechas durante el vuelo. Sin embargo, para poder cargarlos, los pichones deben hacer un esfuerzo y saltar encima de su madre; el que no haga ese esfuerzo y no salte, se quedará en el nido a merced de cualquier depredador que pueda pasar por ahí.
De la misma manera, cualquier judío que quiera elevarse espiritualmente en esta época tan especial, se requiere que haga un pequeño esfuerzo y «se suba a la espalda del águila»: Volver al camino que le marca el Eterno corrigiendo cualquier posible desviación. Y quien no lo haga, no solamente que se quedará en el nivel espiritual en que estaba, sino que corre el riesgo de comenzar a caer; ya que en el judaísmo no existe la posibilidad de quedarse estático. Se requiere avanzar constantemente, paso a paso, y quien no lo haga, inevitablemente caerá en su nivel espiritual.
Esa es nuestra misión durante todo el año, y especialmente durante el mes de Elul y los días de Aseret Yeme Teshuva que vienen posteriormente.
La importancia de mantener siempre la humildad
Dice el versículo: «Vino Moises y expresó todas las palabras de este cántico en los oídos del pueblo, él y Hoshea bin Nun».
Debemos saber que lo que se describe aquí son las últimas acciones de Moises antes de su fallecimiento, habiéndose ya establecido previamente que Yeoshua bin Nun iba a ser su sucesor, de acuerdo a lo ordenado por el Eterno.
Entonces surge la pregunta: Si ya en la parasha de los espías (parashat a meraglim) Moises había cambiado el nombre de Hoshea bin Nun a Yeoshua, porqué la Tora lo vuelve a mencionar por su nombre anterior?
Explica Rashi lo siguiente: Este fue el preciso momento en que le fue quitada la autoridad a Moises y le fue entregada a Yeoshua. De acuerdo a la costumbre de esa época, en donde los líderes tenían un interprete cuya función era transmitir sus decisiones al pueblo, Moises nombró al intérprete de Yeoshua con el fin de que este expusiera sus decisiones de Halaja, aún en vida de Moises. Este acto representó la efectiva entrega del mando, de uno al otro. Es decir que a pesar de que este es el momento exacto en que Yeoshua se eleva en grandeza convirtiéndose en el líder del pueblo, su mente no se obnubiló con la envergadura del suceso y no se volvió soberbio (lo que vulgarmente llamamos: no se le subieron los humos), sino que continuó con la misma humildad que al principio, cuando se llamaba Hoshea, y por eso la Tora atestigua esto al citarlo por su nombre original.
